De Cine y Literatura:

los tópicos del séptimo arte

 

 

 

Alexander Fidora

Universität Frankfurt am Main

A.Fidora@em.uni-frankfurt.de

 

 

 

El Cine, junto con la Literatura, podríamos afirmar que apareció en el amanecer del hombre: las pinturas rupestres, la magia que de éstas se desprende, simbolizan grosso modo la misma sensación que nosotros vivimos al contemplar una buena película. El mecanismo, alcanzaríamos a decir, es el mismo: la abstracción de la realidad. La finalidad similar: interactuar con el mundo que nos rodea. De tal modo, si consideramos cualquier representación estética, tales como el Cine o la Literatura, ¿podemos afirmar rotundamente que estamos ante obras de Arte? A mi modo de ver, nuestra visión de lo artístico no está forjada en universales, ni es aplicable a cualquier época. Por lo tanto, Arte es todo aquello que en un momento de la Historia se considera como tal. Dicho esto, ¿por qué no considerar las pinturas rupestres, que recrean escenas en movimiento, como la primera manifestación cinematográfica? ¿Qué caracteriza al Cine, sino el movimiento? Si esto pudiera mantenerse con más o menos veracidad, podríamos afirmar que el Arte en general, desde sus inicios con los habitantes de Altamira, hasta el último film de Stanley Kubrick (para mencionar tan sólo uno de los mejores directores del último siglo), está ligado entre sí, del mismo modo en que la ovillera va entrecruzando los diferentes hilos que ha escogido para su paño. En este sentido, el Arte sería un perfectísimo entramado ‘intertextual’, en el que se irían superponiendo diferentes estratos, uno tras otro, con precisos puntos de partida.

 

Centrándonos ya en el paralelismo que pretendemos establecer, la Literatura surge con el Mito: el hombre inventa una nueva realidad, puesto que estaba lleno de fantasías, enajenado por seres extraños y explicaciones imposibles. No obstante, quería ser una explicación del mundo. El mito, una visión entroncada con lo que luego serán las religiones, explica la existencia del Mundo y del Universo a partir de leyendas, seres sobrenaturales, fuerzas benignas y malignas… En resumen, el mito no es otra cosa que la antropomorfización de la realidad. A partir de este punto, el hombre realiza su propia realidad e inventa un mundo nuevo que le evadirá del que le rodea, que en ocasiones resulta angustioso e incomprensible. El Cine, como toda representación artística, sigue los mismos parámetros que cualquier obra de arte, aunque es cierto que en el Cine se produce una proliferación de mundos que es fruto de la creación del arte, de nuevos mundos artísticos que denotan nuevas sensaciones. La creación de estos mundos se realiza mediante la ‘separación’ y la ‘conjunción’ de diferentes elementos de otros mundos o realidades que pueden servirnos para definir este nuevo mundo cinematográfico. Asimismo, los elementos que forman un mismo mundo pueden diferenciarse entre ellos, ya que, a su vez, en la creación del ‘mundo artístico’ hay procesos de ‘complementación’ y de ‘supresión’ de material que podemos utilizar para la formación de este nuevo mundo o de otro totalmente dispar. Así pues, el mundo cinematográfico, tal y como cualquier obra de arte, no es otra cosa que una ‘adaptación’ de otros mundos, que, a su vez, beben de otros mundos artísticos inmediatos. De todos modos, nuestra intención consiste en proponer una serie de paralelismos que hemos hallado entre los argumentos literarios más recordados y cómo éstos son adaptados por el celuloide.

 

Como es natural (partiendo como partimos de que el Arte es una representación del mundo que nos rodea y, además, de otros mundos artísticos que personalizan la realidad circundante propia a su momento), el Cine partirá de los pecados que, desde antaño, han asolado al hombre. El Amor, mal principal y por el cual Príamo y Tisbe acabaron sus días trágicamente, resulta el leitmotiv más incorporado en el mundo cinematográfico, ‘retozando’ en todas sus variantes. El Amor puede representarse desde sus diferentes variantes literarias. De tal suerte, tenemos en nuestro haber ‘el amor prohibido’ (representado, por ejemplo, con Romeo y Julieta), ‘el amor adúltero’ (Madame Bovary), ‘el amor tentador’ (Don Juan), ‘el amor liberador’ (La bella y la bestia o Notre Dame de París), y ‘el amor progresivo’ (La Cenicienta). Podemos observar, pues, que los tópicos literarios no se circunscriben, únicamente, a grandes obras literarias, sino, también, a su vertiente más popular o folclórica.

 

La adaptación de Romeo y Julieta nos conduce a representaciones cinematográficas que explotan, por un lado, el dramatismo de los amantes que no pueden concebir su amor por cuestiones externas a ellos (tales como conflictos sociales, raciales...), y, por otro, el glamour que proporciona el sentimiento amoroso vivido desde el desenfreno. Me refiero, por dar unos modelos, a West Side story, en el primer caso, y a Mad love, en el segundo, aunque Titanic cumpliría a la perfección ambas premisas. Del mismo modo, la aparición, ya clásica, de una representación teatral de la obra de Shakespeare es ya algo más que acuciante en el Cine moderno. ‘El amor adúltero’, la personificación de la femme fatale en la cinematografía de nuestra era, es algo palpable en películas como Gilda, Lunas de hiel, o, para mayor equidad, la adaptación a Ana Karenina protagonizada por Greta Garbo. En estos filmes, el leitmotiv que estructura la obra radica en la opresión del sexo masculino frente a la mujer, ya tengan ambos una relación matrimonial o un idilio temporal. La mujer oprimida por el poder despótico del hombre, busca fuera de su relación aquello que no halla en el seno de ésta, a saber, amor verdadero, sensibilidad, ternura... Del mismo modo, otro factor que favorece a que la mujer tienda a desechar el yugo que le impone su consorte es la insatisfacción sexual que se ve reparada con el nuevo amante. En un mismo sentido, tenemos ‘el amor seductor’ que representa la figura del Don Juan, el cazador de mujeres, y nos proporciona, al igual que todas sus versiones literarias –desde Les Âmes du purgatoire (1834) de Mérimée, hasta el Don Juan de Zorrilla (1844)–, un final redentor y en el que el seductor de mujeres halla un fin idóneo a su actuación personal: ya sea la muerte como en Las amistades peligrosas o la condena social como en American Gigolo. Muy alejado a estos dos últimos tipos de Amor incluimos aquí ‘el amor liberador’. Este es un sentimiento que ‘germina’ hacia la salvación de uno de los dos amantes. Si el punto de partida literario se identifica con el cuento folclórico La bella y la bestia, fácilmente podemos dar su interpretación: el amor se convierte en un elemento purificador y redentor. A partir del secuestro de una fémina por parte de un monstruo –como sucede en el Drácula de Coppola– la protagonista consigue descubrir y hacer manifiestas, a través del amor, las bondades de la criatura. Por último, ‘el amor progresivo’ representa a una joven que gracias a un matrimonio conveniente, o al hallazgo de un príncipe azul, cambia su posición social, pasa de la pobreza más ignominiosa al esplendor más plácido. Claros ejemplos serían Rebeca, Cantando bajo la lluvia o Pretty woman, ésta última rayando la crítica social y otorgando una visión desencantada de la vida al ser una prostituta la protagonista. Aparte de estos últimos ejemplos, que no son los únicos que el Cine toma de la Literatura para ambientar su ‘mundo’, podemos hallar enamoramientos realizados mediante filtros (Willow), los celos como modus amandi (Crimen perfecto), o la volubilidad del amor como sucede en Belle époque.

 

Otra de las bajas pasiones del hombre consiste en el odio de la venganza. De tal modo, Macbeth de Shakespeare es uno de los pilares de esta nueva intertextualidad entre el mundo cinematográfico y el mundo literario. Las ansias de poder llevan al hombre a cualquier fin con tal de conseguir su propósito; desde el asesinato, hasta la extorsión, el soborno... Claros ejemplos residirían en la trilogía de El Padrino, L. A. Confidencial, y todo el género cinematográfico relacionado con el mundo del hampa. Siguiendo este mismo ejemplo, el ansia de poder o el hecho de lograr una determinada meta, nos lleva al pacto fáustico que suele resultar, más bien, metafórico, aunque, por eso, no menos desintegrador para el personaje. La Orestíada nos sirve también como ejemplo del personaje vengador que busca justicia a una afrenta anterior. Ejemplos de esto último son los westerns, las películas de piratas o los novísimos filmes de acción trepidante en donde nuestro Ángel de venganza, saliendo indemne, acaba eliminando a todos los malhechores.

 

El conocimiento de uno mismo, de nuestra propia personalidad, también resulta un perfecto filón tanto en la Literatura como en el Cine. Tomando como ejes vertebradores obras como el Frankenstein de Shelley –representación, a su vez, de los mitos de Prometeo y Pigmalión–, Dr. Jekill and Mr. Hide de Stevenson o  la tragedia de Sófocles, Edipo, logramos personajes como el Norman Bates de Psicosis, El profesor chiflado de Jerry Lewis (y más tarde de Eddie Murphy), Blade runner... en donde estamos frente a protagonistas con doble personalidad o que no son tan humanos como parecen. Estos textos literarios sirven al Cine para dar una mayor introspección personal de los personajes, presentándolos como complicados lunáticos, inconformistas con su físico, o monstruos que, en ocasiones, poseen más sentimientos que un verdadero humano.

 

Por último y para terminar esta breve pincelada sobre los tópicos que el Cine toma de la Literatura, tenemos el viaje. Todo relato implica movimiento, y todo viaje comporta la búsqueda de algo. En ocasiones esta pesquisa consiste en el intentar hallar un tesoro (como en el mito de Jasón y los Argonautas), o se intenta fundar una patria nueva (como en La Eneida de Virgilio), o se ansía regresar al hogar (La Odisea de Homero). Este tema del viaje suele estar muy relacionado con los filmes basados en el western y la repoblación del estado americano, aludiendo, sin lugar a dudas, a la fiebre del oro, la creación de nuevos hogares (Horizontes lejanos), o el anhelado retorno (Centauros del desierto).

 

He aquí una breve descripción sobre los muchos tópicos que el Cine toma de la Literatura, al igual que todo el Arte en sí toma de forma recíproca entre los diferentes mundos que lo componen. El trabajo aquí presente no es otra cosa que un primer contacto entre las diferentes relaciones que se mantienen entre la cinematografía, género, aún, tan poco estudiado, y las demás artes. A su vez, no pretende ser otra cosa que un acicate para que dichos mundos sean estudiados a fondo, con todas sus fuentes y sus repercusiones. No obstante, no hay lugar aquí para tan amplio y especializado estudio. Doctores tiene la escuela.