Una
nueva adaptación de Romeo y Julieta
Friederich Cooperman
Lo más
interesante de esta nueva versión del director Baz Luhrmann es la intención de
darle a esta obra un toque de genialidad y, por supuesto, el deseo de superar
el abismo temporal que dista entre la obra, de forma genuina, y el espectador
moderno de cultura media. Luhrmann adaptará el texto original a sus deseos,
convirtiendo toda la película en una fuente inagotable de sugerencias, o
reminiscencias, que a la vez nos sugieren un gran número de intertextos. El
inicio ya es muy significativo, pues nos muestra el tipo de adaptación que
vamos a presenciar. Mientras en el texto original se nos presenta el parlamento
de un coro que nos informa de la situación en que se va a desarrollar la trama,
en la adaptación cinematográfica este coro es substituido por una especie de
informativo que cumple el mismo fin, pero que nos denota que no estamos en una
Verona medieval o renacentista, sino ante una Verona que se corresponde a la de
nuestros días. Ésta ha sido una peculiar manera de introducir al espectador en
este nuevo mundo que la pantalla recrea, en esta Romeo y Julieta que respeta –aunque no siempre– el texto original y
que se encuentra enclavada en una época contemporánea.
La estructura de la obra se respeta grosso modo,
aunque es un hecho del todo justificable que por la extensión de una proyección
cinematográfica se establezca una selección de pasajes y parlamentos. Lo que
más llama la atención de esta nueva adaptación son los motivos mediante los que
se logra este acercamiento a nuestra época. Estamos ante un perfecto entramado
de imágenes que responden a una sutil retórica, lo que yo, si se me permite,
llamaría la retórica de la imagen.
Somos continuamente bombardeados por imágenes a lo largo de toda la película, e
incluso la música que envuelve estas imágenes tiene también una profunda connotación en muchas
ocasiones. La imagen en esta ocasión vale más que mil palabras.
A partir de aquí voy a analizar el texto cinematográfico,
remitiéndome cuando crea necesario al texto original, haciendo especial
hincapié en esos rasgos que fraguan la genialidad de esta nueva adaptación.
La obra, como ya hemos dicho, empieza con una especie de noticiario
televisivo que raya el “reality show”. Presenciamos una sucesión de imágenes
que nos muestran la discordia existente entre los clanes de los Capuleto y los
Montesco y que nos adelantan –de forma proléptica– sucesos de lo que
presenciaremos más tarde. Rápidamente y mediante un veloz toque de cámara,
somos introducidos en el coche de unos jóvenes Montesco que sin saberlo, bajo
el influjo de la música de los Rage
Against the Machine, van a protagonizar el primer encuentro con los
Capuleto. Los personajes aparecen con su nombre bajo la altura del pecho, esta
es quizás una manera de suplir el “dramatis personae” que encontramos en el
texto original al principio de la obra. Será ahora, y como observamos ya en un
principio, cuando podremos hacer un balance de los dos bandos enfrentados.
La caracterización de que son objeto los personajes es del todo
relevante en la impresión que nosotros vamos a recibir de ellos. Éste es un
factor que supeditado a una puesta escénica de época no tendríamos en cuenta.
Pero en este caso sí, ya que el director es consciente de que el espectador va
a asociar un determinado tipo de vestimenta, con un determinado tipo de
conducta y una determinada manera de actuar. Los Montesco se nos presentarán
como unos jóvenes alocados que visten de una forma un poco “beach”, con camisas
de palmeras y pantalones cortos. Uno de ellos lleva el pelo teñido de rosa,
motivo que no sirve más que para realzar ese aspecto de modernidad entre el
texto y el espectador. En contraposición los Capuleto son caracterizados como
unos matones sacados del más sangriento “spaghetti western” de Clint Eastwood.
La entrada en una gasolinera será el motivo y el lugar de este primer encuentro
con los Capuleto. De forma fácil, podríamos decir, los antagonistas quedan unos
frente a los otros. El primer Capuleto que aparece es Abraham; se nos muestra
como un personaje peligroso, idea que tomamos de su dentadura –un protector
dental metálico con la palabra “skin” (machacar) grabada– y de su agresivo
vestuario, así como de su pelo y los pendientes que de su oreja cuelgan. Lo más significativo es que en un punto
preciso la pantalla se vea invadida por una imagen fija: una bota campera con
el tacón plateado, que sucesivamente va a apagar una cerilla. Han aparecido los
Capuleto, y estos son unos personajes fieros, que visten de una determinada
forma que al público les remite a unos seres vandálicos y sin escrúpulos.
El personaje que se nos muestra en un primer plano es Tebaldo, de la
familia de los Capuleto. Su imagen está perfectamente ideada. Sus ropas son de
color negro, y una camiseta roja que es cubierta por la americana negra que el
personaje lleva. Tebaldo, como su sobrenombre dice, es la pura representación
de el príncipe de los gatos. A partir de aquí las imágenes se sucederán de
forma veloz, produciéndose la presencia de las armas, que en este caso no son
espadas, sino pistolas que también tienen mucho de peculiar. Estas en la culata
llevan labradas el escudo de la familia a la que pertenecen. Con lo que este
aspecto se convierte en un hecho que nos acerca un poco a la época en que la
obra fue ideada. Así podemos afirmar que dentro de la obra confluirá un viaje
de ida y vuelta entre lo que sería el texto más fiel y esta nueva adaptación.
También es interesante mencionar la música que ambienta esta escena del tiroteo
entre ambas familias, que no es otra que la típica melodía de las películas de
western.
Después de este incidente lo que en el texto original se nos presenta
como una simple conversación, en la película, siguiendo la recurrencia del
informativo, se nos muestran los incidentes que han ocasionado la disputa que,
nosotros como espectadores, hemos presenciado. Aparecerá la figura del Príncipe
que, bajo la faceta de un comisario de policía, ejercerá despóticamente su
poder sobre los otros personajes. El parlamento del Príncipe[1][1] , dentro del film, es sutilmente dividido
en dos escenas que refuerzan este intento de realismo y modernidad.
Romeo, como ya sabemos, uno de los principales protagonistas de esta
historia, aparece después de esta pelea, él no ha participado en el altercado,
y aparte de no haberlo visto, las palabras de la señora Montesco nos lo
confirman[2] [2]:
SEÑORA MONTESCO: ¡Ah! ¿Dónde está Romeo? ¿Le habéis visto
hoy? Mucho me alegro de que no estuviera en esta pelea.
Bajo este parlamento de la madre de nuestro personaje observamos de
forma bilateral el carácter de Romeo. El film respetará la progresión que se
produce en el final de esta escena primera del Acto I. La acción que se
desarrolla siguiendo la intervención del cabeza de familia de los Montesco[3][3] –que incluye el parlamento de la señora
Montesco que acabamos de citar– se produce dentro de la limusina de estos,
dándole de nuevo al film un toque de modernidad que nos recuerda las películas de gánsters. Un aspecto
curioso dentro de esta escena –que comprende la conversación entre Montesco, la
señora Montesco y Benvolio– es que el parlamento del señor Montesco, dentro del
texto original, en la película es en parte recitado por su mujer. Nos referimos
concretamente a este párrafo que recita la señora Montesco: «mi melancólico hijo escapa de la luz a casa,
y se aprisiona a solas en su cuarto: cierra las ventanas, deja fuera la hermosa
luz del día, y se hace una noche artificial». Entre este parlamento y lo
que sigue, que ya será recitado por Montesco, se intercalan en la película
imágenes de Romeo que está declamando sus propios poemas.
Benvolio, primo de Romeo, se dirigirá a hablar con él acto seguido de
esta conversación con su tío. Aparece Romeo escribiendo, sumido en sus
pensamientos. Verá el coche de su padre y marchará, huirá de él. Benvolio, como
acabamos de decir, será el que hable con Romeo. Este parlamento entre los dos
personajes es idéntico al que encontramos en la obra original, se respeta con
la máxima fidelidad las intervenciones de ambos personajes. La acción se
desarrolla en los bajos fondos de la ciudad, cercanos a la playa, lugar donde
Romeo estaba pensando, y sigue en una sala de Billar. Observamos el juego que
se produce entre el texto original:
BENVOLIO: Ahí apuntaba yo cuando te suponía enamorado.
ROMEO: ¡Muy buen tirador! Y es hermosa la que amo.
Y la simple acción de jugar al billar. Observamos, pues, que en
numerosas ocasiones el texto original está a disposición de la imagen, es
decir, se produce una manipulación del texto junto con la imagen para enfatizar
determinadas escenas de la película.
La
escena segunda del Acto I, dentro del texto original, está desmembrada en
diferentes lugares de la película, e incluso el encuentro entre Benvolio, Romeo
y el criado de los Capuleto es omitido en la película. Este encuentro sirve
para que los personajes conozcan la existencia de la fiesta en la casa de los
Capuleto, en el film será de nuevo el recurso de la televisión –en programa
informativo– quien informe a Romeo y a Benvolio de la existencia de dicha
fiesta.
Después de estas escenas sucesivas entre Romeo y Benvolio, aparecen
–siguiendo la apariencia del informativo– portadas de revistas con la foto de
Paris. Este es mostrado como un importante ejecutivo, guapo, cargado de
millones, y que para más inri está
soltero. Se producirá ahora el inicio de la escena segunda de este Acto I, es
decir la petición de la mano de Julieta por parte de Paris a su padre.
Seguidamente –excluyendo lo que a continuación se produce en el texto original
y que ha quedado enclavado en otros lugares, como ya hemos visto– se
representará en la pantalla la escena tercera de este Acto I. Esta escena es
importante ya que es la primera escena en la que aparecerá Julieta. Esta escena
se produce en el dormitorio de Julieta. Es de carácter cómico ya que se intenta
amenizar lo trágico de la situación para que el espectador no se tome muy en
serio lo que la señora Capuleto le dice a Julieta. En definitiva la primera
está poniendo en antecedentes a su hija de la escena que se ha producido antes:
su petición de mano. Se están produciendo de forma intercalada los preparativos
para la fiesta que se celebrará esa misma noche, con lo que se refuerza el
carácter cómico al ver a la señora Capuleto, medio disfrazada, dando órdenes a
los sirvientes e intentando hablar con su hija.
Ya sabemos de la existencia de la fiesta en casa de los Capuleto.
Sabemos que Romeo y Benvolio, a pesar de ser de la familia de los Montesco, van
a intentar colarse en ella. Aparecerá ahora Mercucio, el mejor amigo de Romeo,
dentro de un flamante coche descapotable de color rojo. Todos los personajes
jóvenes que conocemos de la familia de los Montesco han aparecido a la cita, y
van a intentar colarse dentro de la fiesta de los Capuleto. Estamos en la
escena cuarta del Acto I. En esta escena cuarta todos intentan convencer a
Romeo para que vaya a la fiesta y, así, deje de penar por los amores de una tal
Rosita. Lo que encuentro más significativo es el parlamento de Mercucio[4] [4] el cual en la película toma un aspecto
muy diferenciado del que podría tomar en el texto original. Según las notas a
pie de página de la edición de J.Mª Valverde que estamos manejando para
realizar este análisis y con la lectura del texto en cuestión, entendemos que
la intervención de Mercucio se está refiriendo a hadas y a duendes. Pero dentro
del film, entra en juego un nuevo valor: una pastilla de éxtasis que Mercucio
tiene en la mano.
MERCUCIO: Es cierto, hablo de sueños, que son los hijos de un
cerebro ocioso, engendrados de nada sino de vana fantasía, que es tan delgada
de substancia como el aire (…)[5] [5]
Esta intervención de Mercucio se refiere ya de una forma más que
específica a la droga que quiere que su amigo tome. Romeo caerá en la tentación
y tomará la pastilla de la mano de
su propio amigo[6] [6]:
ROMEO: ( …) ¡Que Aquel que pilota mi rumbo dirija mis
velas! Adelante alegres caballeros.[7] [7]
Termina esta escena y pasamos a la siguiente, escena quinta, en la
que se suprime el inicio. Empezará ésta con la aparición de nuestros alegres caballeros en la puerta de la
casa de los Capuleto. Estamos en una fiesta, pero esta tiene un carácter
añadido: es una fiesta de disfraces. Este factor en la obra original no se
tiene muy en cuenta, se explicita que la fiesta es una fiesta de máscaras. En
la película se sacará el máximo partido de este evento, caracterizando a los
personajes a partir del disfraz que llevan. Esta escena quinta, desde mi
personal punto de vista, es una de las escenas más importantes de toda la
película ya que es una de las más largas y mejor trabadas en cuanto a lo que se
refiere a la manipulación del texto a partir de la imagen y a la escenografía
que presenciamos. A parte de todo esto, debemos ser conscientes de que en esta
escena se encontrarán Romeo y Julieta, surgiendo el amor entre ellos.
Dentro de esta escena debemos efectuar una sutil división, para poder
analizar la significación de los disfraces que llevan los personajes y para
continuar con el análisis lineal que hasta aquí estamos ejecutando. En primer
lugar creo oportuno empezar a hablar de los disfraces que llevan los personajes
que, como ya he dicho, se corresponden perfectamente con la personalidad –y con
esto me refiero a la psicología interior– de cada uno. Empecemos por cada bando
de la familia y dejemos a Romeo y a Julieta para el final, ya que sus trajes
son los más sugerentes y los que confirman lo que hasta aquí hemos anunciado en
referencia a ellos.
Mercucio lleva un disfraz que le da una apariencia feminoide e
incluso afeminada. Su piel –este es un personaje interpretado por un actor de
color– contrasta con el blanco inmaculado de su vestido. Es una especie de
representación de la fiesta nocturna que se produce en los locales de nuestra
época. Mercucio podría representar, con ese vestido, el maquillaje y esos
zapatos de plataforma, un género que deambula por nuestras noches: el/¿la? drag queen. Esta imagen de Mercucio nos
sirve para asociar a este personaje con el frenesí de la fiesta –o también
podríamos llamarla orgía. Tebaldo, otro de los personajes principales de la
trama, va disfrazado de Diablo, con dos ridículos cuernos de color rojo sobre
su cabeza–. Sus compinches van disfrazados de esqueleto. Esta imagen de los
tres es del todo sugerente y, aparece en el momento en que Tebaldo, príncipe de
los gatos, descubre la presencia de Romeo en la fiesta. Se erigen de esta forma
los tres en una representación de la muerte y del mal –con lo que el director a
partir de esta imagen nos quiere dejar más claro, por si no nos habíamos dado
cuenta de quiénes son los malos de la película–. Otro disfraz representativo es
el que lleva el señor Capuleto: este va disfrazado de Baco, con lo que tomamos
una idea muy concreta de la personalidad del personaje. Este personaje, en
estado ebrio, personifica la depravación y el vicio –el descontrol que se
produce bajo los efectos del alcohol–. La señora Capuleto irá disfrazada de
Cleopatra, con lo que podremos adivinar un carácter despótico en este personaje
que, en ocasiones, le llevará a menospreciar a su propia hija. Otro aspecto que
podemos deducir de esta caracterización mediante el disfraz de Cleopatra es un
sentido muy etéreo del concepto de la fidelidad, con lo que no nos resulta nada
extraño una posible relación entre ella y su sobrino Tebaldo _cosa que nos lo
afirmará el sentido dolor que nuestra Cleopatra sufre por la muerte de Tebaldo.
Nos falta el disfraz de Paris, este no tiene mucho que decirnos ya que funciona
como un simple personaje comparsa que no evoluciona en todo el transcurso de la
obra. En la fiesta que protagoniza en la película lo encontramos disfrazado de
astronauta. Su imagen bajo este disfraz adquiere un toque más ridículo del que
ya tiene de por sí. Podemos aventurar que al ser un personaje que no se entera
de nada, su disfraz está más que acertado: vive fuera de este mundo.
Los diferentes disfraces de los personajes que aparecen en la obra y
que también coinciden en el baile, no los analizo ya que no los considero
significativos. Sólo he analizado aquellos que nos sugieren un contenido preciso
o que nos remiten a un previo intertexto que tenemos previamente asimilado. Los
dos que siguen ahora son, en mi opinión, los dos más importantes y que pueden
suscitar un mayor comentario: los disfraces de Romeo y Julieta. Romeo, como
podemos observar desde la escena en la que toma la pastilla de éxtasis, lleva
un sugerente disfraz de caballero, con un pequeño antifaz plateado para cubrir
su rostro. Este disfraz nos remite a la tipificación más básica del príncipe
azul o del caballero que va a salvar a una dama y a enamorarse de ella.
Siguiendo este esquema Romeo salvará a Julieta de Paris y de su propia familia,
teniendo mucho en cuenta la petición de mano de Julieta. Se ha creado una
imagen que no podía faltar: la visión de Romeo como caballero, como potencial
amante de Julieta. Este disfraz de Romeo se verá más que complementado con el
de Julieta. Esta va disfrazada de ángel, con unas blanquísimas alas y un
inmaculado vestido. Se ha formado, ya, ante nuestros ojos la famosa pareja de
amantes. Todo concuerda en este momento: él es el apuesto galán con armadura
plateada y ella es aquel ángel celestial que tan perfectamente entra dentro de
los cánones de la donna angelicata. A
partir de esta breve descripción de los disfraces que los personajes llevan en la
fiesta y de la significación que les podíamos atribuir, vamos a seguir con el
análisis lineal del texto cinematográfico.
Estamos, como ya sabemos, en la fiesta, en el inicio de la escena
quinta del Acto I, donde encontramos como hecho sugerente la supresión del
inicio de la escena –diálogo entre los criados–, y la escenificación, dentro
del film, de la entrada de Romeo y sus Amigos. Los Montesco, como podemos ver,
consiguen entrar sin ningún tipo de impedimento en la fiesta de los Capuleto.
La droga que Romeo ha tomado le está haciendo perder el mundo de vista. Se
produce un brusco encuentro con el señor Capuleto que en el texto original no
aparece: «yo también he visto tiempos
en que llevaba antifaz (…)»[8] [8]. En estos momentos las imágenes
se suceden de forma muy rápida, no tienen un sentido muy específico: Romeo está
alucinando. Aparecerá de nuevo Romeo, pero nos damos cuenta de que ya no está
en la fiesta, sino en los servicios, recuperándose del mareo que ha sufrido. En
estos momentos se fijará en un acuario que divide los servicios de caballeros
de los de señoras. Y ella estará allí; nosotros sabemos quien es, conocemos su
identidad: es Julieta. Se ha producido el ya tan esperado encuentro entre los
dos personajes principales de la trama. Lo significativo es la modificación del
encuentro, que en el texto original se produce en el mismo baile. Hay pues un
avistamiento previo a lo que luego se producirá en la fiesta.
En estos momentos, ante la salida de Romeo de los servicios y la
pérdida del antifaz que cubría su rostro, Tebaldo descubre a nuestro personaje.
Se “calcará” prácticamente la escena del texto original –con algunos pequeños
matices, como siempre– , aunque en la película para dar un mayor énfasis a las
palabras de Capuleto, éste abofetea a su sobrino para que le obedezca y le
guarde un respeto. Ahora, vamos a presenciar el acercamiento entre Romeo y
Julieta. Ésta está bailando con el estúpido de Paris, mientras Romeo la observa
y ella le devuelve las miradas. En estos momentos _finalizado el baile y con
todo el mundo distraído por unos oportunos confites que caen del techo_ se
produce el encuentro entre los dos enamorados, cruzándose tan tiernas palabras:
ROMEO: [a Julieta, tomándola de la mano]. Si profano con
mi indigna mano este sagrado santuario _pecado de amor es éste _, mis labios,
peregrinos ruborizados, están dispuestos a hacer penitencia por este áspero
toque con un tierno beso.
Este párrafo y todo el diálogo que se produce entre Romeo y Julieta
se mantienen en la película sin ningún cambio importante. Romeo ha cogido de la
mano a Julieta y juntos se han desplazado, sin darse cuenta, hacia el ascensor,
cerrándose las puertas de este y besándose ellos dentro de él. Esta escena nos
da un nuevo intertexto o una nueva imagen de gran sutileza que nos recuerda
múltiples ocasiones en las que dos enamorados se besan dentro de un ascensor.
Subirán y bajarán, mientras con las puertas cerradas sus labios se sellan en
profundo amor, en un sentido beso. Finalmente la magia terminará, Julieta debe marchar
con el ama ya que su madre la requiere. En este momento ambos descubrirán que
se han enamorado de su peor enemigo, ya que él es un Montesco y ella es una
Capuleto. Una frase de Julieta define perfectamente esta sensación que están
experimentando en estos momentos nuestros dos enamorados[9] [9]:
JULIETA: ¡Mi único amor surge de mi único odio! ¡Le vi
demasiado pronto sin conocerle, y le conozco demasiado tarde.
La fiesta llega a su fin y los invitados empiezan a desfilar hacia la
calle, Romeo y los suyos, capitaneados por Mercucio, van a la búsqueda de algún
otro lugar donde seguir con la juerga, despegando en su bólido de color rojo.
Ante la marcha de los Montesco se produce una imagen dentro de la película que
es recuperada –dentro del texto original– de la última escena del Acto I, del
momento en que Tebaldo y su tío están discutiendo[10][10] :
TEBALDO: La paciencia a la fuerza, enfrentándose con la
cólera violenta, hace temblar mi carne en su discordante reunión. Me retiraré:
pero esta intrusión, que ahora parece dulce, se ha de volver amarga hiel.
Asistimos a una amenaza por parte de Tebaldo a los despreocupados
amigos de Romeo, y principalmente a él mismo, causante del supuesto agravio del
que el príncipe de los gatos se quiere
librar. Empieza, pues, el Acto II
que en un principio, con el desarrollo de la escena primera, se respeta la
intertextualidad con la obra original. Romeo, desesperado ante este nuevo amor,
huirá del coche que conduce Mercucio. Estamos ante la primera escena de este
Acto, que se desarrolla en total sintonía con la obra original. Encontramos
dentro de la línea en la que se desarrolla la película elementos que favorecen
a la ambientación circunstancial del tiempo en que se está desarrollando la
trama de esta adaptación. Los personajes se encontrarán con una especie de
control policial que será la excusa oportuna para que Romeo escape del coche,
en el que se encuentra, y huya hacia su amada. Romeo tendrá que saltar la tapia
que separa el exterior del jardín de su amada[11] [11] y vencer unos eficaces dispositivos de
seguridad vigilada –cosa que el Romeo shakespeariano no tendría que hacer– para
llegar a la conocida escena segunda del Acto II. Esta escena se produce en el
jardín de los Capuleto, como la acotación del texto original nos indica. Aunque
este jardín tiene elementos que dentro de esta modernidad que el director Baz
Luhrman ha buscado durante toda la película, ahora, nos acercan a un tiempo más
lejano y a la vez más cercano, dentro del “contínuum espacio/tiempo”, a la
escenografía original de la obra. El jardín es un perfecto “locus amoenus”, de
reminiscencias casi garcilasianas, que nos transmite una aparente tranquilidad
y nos muestra una naturaleza en calma. Encontramos a primera vista una piscina
que dentro de esta nueva recreación jugará un papel importante en el juego de
seducción por parte de los enamorados. Los parlamentos de los personajes se
respetarán, de nuevo y con bastante precisión, en esta escena. Observaremos que
esta nueva versión omite la “fusilada” imagen en que Romeo, pendido de la
enredadera que sube al balcón de Julieta, le declara su amor. Esta escena
segunda del Acto II es tratada de una forma muy acertada, creando una perfecta
amalgama de detalles que inciden en el espectador.
Romeo ha llegado por fin al interior de la casa de los Capuleto, se
encuentra en el jardín. Se encienden las luces que iluminan toda la
majestuosidad del lugar, Romeo ve una luz encendida en una ventana y creyendo
que será Julieta la que en estos momentos está dentro de esa habitación, sube
por la enredadera. Aparecerá el rostro del Ama asomado en esa ventana. De esta
forma la adaptación moderna de esta conocida escena toma otro rumbo, ya que
mediante el recurso cómico de la aparición del Ama por la ventana se ha roto ya
el tópico que todos nosotros, sentados en nuestras butacas, estábamos
esperando. Se oirá en estos momentos un “ding”: Julieta ha bajado al jardín por
el ascensor, yendo al encuentro de un Romeo que, en estos momentos, se
encuentra colgando de la enredadera. Julieta empieza a hablar, produciéndose
ese diálogo del cual sólo somos partícipes los espectadores[12] [12]:
JULIETA: ¡Ay de mí!
ROMEO: ¡Habla! ¡Oh, vuelve a hablar, claro ángel!
JULIETA: ¡Ah Romeo, Romeo! ¿Por qué eres Romeo? Niega a tu
padre y rehusa tu nombre (…)
Este diálogo desembocará en un instante cumbre, en el que después del
largo parlamento de Julieta, Romeo dice: Te
tomo la palabra[13][13] . Esto producirá una descarga que
zambullirá a nuestros dos enamorados en el agua. Desde mi punto de vista el
desarrollo que se produce a partir de ahora de esta escena segunda del Acto II
es de una sutileza increíble. Estamos asistiendo no ya a una escena de amor,
sino que toma un carácter mucho más sensual y atractivo ver a Romeo y Julieta, zambullidos
en una piscina, jurándose amor eterno. El acto en sí –y no sólo me refiero a la
acción que se produce– toma un carácter más sensual debido al factor añadido
del agua, de los dos enamorados buscándose y rehuyéndose en ella. Dentro del
recurso que se está recreando, será muy entrañable el momento en que Julieta
marchándose vuelve a besar a Romeo, cayendo de nuevo en la piscina y besándose
sumergidos en la clara agua. No podía faltar aquí la famosa frase que los
labios de Julieta pronuncian en esta escena[14] [14] :
JULIETA: (…) La separación es tal tristeza dulce, que diré
“buenas noches” hasta que sea de día.
Se producirá después de estas palabras de Julieta un “flash” que nos envolverá
en una nueva realidad. Mediante una música de melodía fuertemente sincopada[15][15] y unas veloces imágenes de la ciudad de
Verona, se nos introducirá en un nuevo espacio escénico: la celda de Fray
Lorenzo.
Estamos en la escena tercera del Acto II, no es ésta una escena que
se recree con mucha intención, aunque nos ayuda al correcto desarrollo de la
trama y nos da una imagen un tanto peculiar de este personaje religioso y del
lugar donde habita. Fray Lorenzo como toque particular lleva una cruz tatuada
en su espalda y viste, también, con camisas “beach”. En la iglesia encontramos
un “grafitti” de Jesucristo y un coro de niños que cantan canciones muy
raperas. Romeo contará su intención de casarse con Julieta al fraile. Se nos
mostrará el pensamiento de este personaje, que ve en esta unión un mejor futuro
para las familias y para Verona[16] [16]. El fraile respaldará el deseo de
matrimonio de Romeo con Julieta, instándole a que vaya y haga las cosas bien. Acabará esta tercera escena del
Acto segundo con un toque gracioso que nos da muestra de la impaciencia de
Romeo y de la alegría que rebosa en su interior. Este toque se representará
mediante un resbalón que produce la caída al suelo de Romeo.
Siguiendo a esta escena –que comprendería la cuarta escena del texto
original– nos encontramos con Mercucio y Benvolio que están en los barrios
bajos esperando impacientes la llegada de Romeo, ya que no saben nada de él
desde la anterior noche. En estos momentos, y mientras cada personaje pronuncia
su parlamento, alardeando y mostrando sus armas, conoceremos ahora un hecho que
tendrá una gran transcendencia en el desarrollo de la trama: Tebaldo ha enviado
a Romeo una carta de desafío para vencer el agravio que este le infligió en la
fiesta. Aparecerá Romeo, hablarán y los personajes seguirán en ese ambiente
desinhibido pronunciando juegos de palabras y persiguiéndose entre ellos. Bajo
este instante de locura y desenfreno juvenil aparecerá la Ama con el mensaje
para el enamorado de Julieta. En esta ocasión el personaje del Ama ha sido
totalmente trasmutado: de su apariencia habitual, de una señora de avanzada
edad, sirvienta en una casa bien, a una apariencia “celestinesca”, rayando la
imagen de la alcahueta[17] [17]. Este cambio es debido a que el
director nos quiere hacer partícipes de una forma más plena de lo que está
sucediendo. Se va a producir el acuerdo entre Julieta y Romeo, mediante la
gracia de esta Ama/alcahueta. De esta forma, con la nueva apariencia del Ama,
nos ponemos con creces en situación.
Un hecho destacable de esta escena es la actitud de Mercucio ante la
aparición del Ama entre ellos, centrando la atención de Romeo en ella. Mercucio
disparará al aire para retomar la atención de Romeo que le responde vagamente y
sigue hablando con el Ama. Mientras se produce la conversación entre Ama y
Romeo, observamos el rostro angustiado de Mercucio que, podríamos aventurar, se
siente un poco celoso al estar a un lado de lo que están tramando la alcahueta
y su amigo. En esta escena el personaje de Mercucio se nos muestra libre del
disfraz de la fiesta de la casa de los Capuleto. Mercucio viste con una camisa
blanca de seda transparente, que llevará abierta, y unos pantalones negros
ajustados. Bajo esta vestimenta creo que encontramos a un personaje neutral
entre las dos familias, como podremos ver en escenas siguientes.
La escena quinta de este Acto II se produce en la casa de los
Capuleto, en una sala de estar de carácter apacible[18] [18]. Aparece Julieta, sentada en un sofá,
inquieta ante la tardanza de la Ama que llega en este momento. Nuestra
enamorada preguntará por su Romeo, aunque el Ama se hace la remolona, ideando
excusas para empezar el relato de lo sucedido. El Ama resumirá en pocas
palabras cuáles son las intenciones de Romeo y lo que sucederá en la escena siguiente[19] [19] :
AMA: ¿Tienes permiso para ir a confesarte hoy?
JULIETA: Sí que tengo.
AMA: Entonces vete en seguida a la celda de Fray
Lorenzo; allí hay un marido para hacerte mujer (…)
En la escena sexta, como ya nos imaginamos todos, se celebra la boda
entre Romeo y Julieta; se crea una ostentación bastante significativa en cuanto
a la importancia del acto eclesiástico. Habrá un gran coro que encabezará el
inicio de la escena y que dará al acto en sí un toque de modernidad. En la
ceremonia sólo asistirán el Ama y un amigo de Romeo que hasta ahora no hemos
visto y que conoceremos a lo largo de la obra. Acabada la ceremonia un grupo de
imágenes arremeten en la pantalla, paseándose la cámara por los bajos fondos
hasta la playa, donde encontramos a Mercucio disparando al agua y a Benvolio
sentado encima de una plataforma de vigilancia. Los Capuleto Como bien dice
Benvolio están rondando por ahí _observamos el coche azul de los Capuleto al
fondo de la escena en el momento en que Benvolio pronuncia las palabras que
encabezan la escena primera del Acto III.
Aparecerán los Capuleto con Tebaldo a la cabeza. Este hablará a los
presentes siendo respondido en tono de burla por Mercucio[20] [20]:
TEBALDO: (…) Caballeros, buenas tardes: unas palabras con
uno de vosotros.
MERCUCIO: ¿y sólo una palabra con uno de nosotros? Emparejadla con algo:
que sean una palabra y
un golpe.
Mercucio empleará este tono burlesco con Tebaldo hasta que éste le
pregunta: «eres del grupo de Romeo»[21][21] . Bajo estas palabras que Tebaldo ha
pronunciado crece la furia en Mercucio que arremete contra el príncipe de los
gatos. Aparecerá Romeo en este preciso instante. Tebaldo se dirigirá a Romeo
despreciándole e insultándole para que se produzca el deseado duelo entre ellos
dos. Romeo no puede batirse con Tebaldo ya que ha casado con Julieta[22] [22] . Se va a producir una escena muy
significativa: Abraham quitará todas las balas, excepto una, de la pistola de
Tebaldo; Mercucio se dispone a hacer lo mismo con la de su amigo, pero Romeo se
lo impide ofreciéndole su amor a Tebaldo e incluso su mano. El príncipe de los
gatos rechazará tal ofrecimiento y empezará a golpear a Romeo que no se
defenderá. Mercucio, que está observando la escena, se siente indignado al ver
la humillación que está sufriendo su amigo. Desenfundará su pistola[23] [23] y arremeterá contra Tebaldo, pero Romeo
separará a Mercucio de Tebaldo. Esto provocará que Tebaldo con un cristal en la
mano hiera por debajo del brazo a Mercucio[24] [24] . Se produce un repentino juego de
imágenes entre Tebaldo, Mercucio y Romeo.
Mercucio pronunciará, bajo el furor de la herida, las palabras más
sentidas que hasta este momento había dicho y que lo enclavan –como habíamos
sugerido antes– en un lugar que se define por una no especial simpatía a las
dos familias en disputa[25] [25]:
MERCUCIO: (…) Me han hecho fiambre para gusanos. (…)
¡Malditas sean vuestras dos familias!
Al pronunciar esta palabras cae en la arena y se despierta un rumor de
truenos y de tormenta. Aparece en la pantalla la imagen de un teatro: la escena
que hemos estado presenciando se ha producido en un teatro medio derruido. Ante
los truenos y el cuerpo de Mercucio en la arena Tebaldo y los suyos huyen;
Romeo se acerca al cuerpo sin vida de su amigo: llora. En la pantalla en un
primer plano observamos el cuerpo inerte de Mercucio y en un segundo plano a
Romeo corriendo hacia el coche para tomarse la venganza y matar a Tebaldo[26][26] . Lo último que observamos de esta
escena es el teatro que ya habíamos visto hacía un momento; ahora la luz se va
volviendo cada vez más tenue hasta que el teatro queda bajo la oscuridad de la
noche[27] [27] . Inmediatamente de lo sucedido en el
“teatro”. Se nos aparece Julieta en su habitación, ignorante de todo lo que ha
sucedido y de lo que va a suceder. En la película se intercalan el inicio de la
escena segunda del Acto III y el final de esta escena primera del mismo Acto.
Mientras Julieta piensa en lo que debe estar haciendo su Romeo y sus palabras
son de dulzura hacia su persona, se intercala la imagen del asesinato de
Tebaldo en manos del enamorado de esta. Se produce una persecución: Romeo en su
coche acecha a Tebaldo, haciéndoles chocar. El príncipe de los gatos saldrá del
coche, una pistola en el suelo, Romeo corriendo hacia ella, la mano de Tebaldo
empuñándola. En estos momentos se producirá una escena de gran tensión
dramática: Romeo pondrá el cañón la pistola empuñada por Tebaldo en su frente,
pronunciando estas palabras una y otra vez:
ROMEO: (…) o tú, o yo, o los dos hemos de ir con él.
Tebaldo, asustado ante el comportamiento de Romeo, se echa hacia
atrás y pierde la pistola, que cae al suelo. Romeo la recogerá y disparará a
Tebaldo, dándole muerte; éste caerá en el estanque que se encuentra justo antes
de la entrada de la iglesia donde Romeo y Julieta se casaron. La pantalla se
verá invadida por una imagen de Romeo que perplejo, estupefacto, observa como
cae el cuerpo sin vida de Tebaldo y por su mano dejando caer la pistola con la que
ha matado a Tebaldo. Es significativo que la muerte de Tebaldo se produzca en
este lugar, el mismo donde Romeo juró amor eterno a Julieta, y por lo tanto,
también, a su apellido.
Aparecerá ahora un coche que viene a buscar a Romeo para que se dé a la fuga. En este
coche encontramos al amigo de Romeo que aparece en la celebración de la boda.
Este personaje en este tramo de la obra será muy significativo apareciendo en
momentos cruciales. Momentos después aparece la justicia, el príncipe, que ante
tal matanza se ve obligado a desterrar a Romeo; se producirá ahora una
persecución de nuestro enamorado muy similar a la persecución tópica de las
películas policiacas, que se esconderá para que no le encuentren en la celda de
Fray Lorenzo[28] [28]. En este lugar aparecerá el Ama con un
mensaje de Julieta para su enamorado; Romeo instado por el sacerdote irá a
visitar a su mujer[29] [29] :
FRAY LORENZO: (…) Vamos, ve a ver a tu amor, como estaba
acordado, sube a su cuarto y consuélala; pero mira no te quedes hasta que salga
la guardia, pues entonces no podrás pasar a Mantua (…)
Siguiendo estas imágenes de la persecución de Romeo y de la celda de
Fray Lorenzo, lugar donde se oculta de la justicia, volvemos a aparecer en el
dormitorio de Julieta, con lo que seguimos con la escena tercera de este Acto
III que habíamos empezado, pero que había quedado inconclusa. Julieta se ha
enterado de la noticia de la muerte de su primo a manos de su enamorado, aunque
no sabemos muy bien cómo[30].
La escena segunda de este Acto III es capital para entender muchas cosas que en
la película se nos muestran pero sin un por qué explícito. A partir de esta
escena entendemos la ida del Ama a la celda de Fray Lorenzo y el anillo que
ésta lleva a Romeo de parte de Julieta[31]:
AMA: Vete a tu cuarto; yo encontraré a Romeo para consolarte: sé muy
bien dónde está. Escucha, tu Romeo estará aquí esta noche: iré a verle: está
escondido en la celda de fray Lorenzo.
JULIETA: ¡Oh, encuéntrale! Dale este anillo a mi fiel
caballero, y dile que venga a recibir su último adiós.
Después de esta ida atrás en el texto original para acabar de
entender cosas que quedaban un poco colgadas, debemos volver a lo dicho un poco
más arriba. Julieta está en su dormitorio, rodeada de figuras santas, rezando
por su primo Tebaldo que ha muerto y preguntándose por qué su Romeo ha sido el
asesino de su primo. Simultáneamente a esta escena se está produciendo, abajo,
en la salón de los invitados el acuerdo de boda entre Paris y Julieta. Aparece
Romeo en el dormitorio de Julieta[32] [32]: se miran en silencio, se acarician, se
besan…
Lo significativo es que esta escena en la que Romeo entra en el
dormitorio de Julieta se omite en el texto original, es decir, no aparece
ninguna escena que haga referencia a este encuentro y que describa la seducción
de los amantes, todo se da por supuesto a partir de la escena quinta de este
Acto III. Es de mencionar el contraste que se establece en la película en lo
referente a esta escena oculta y la escena cuarta: mientras el padre está
“vendiendo” a su hija a su amigo Paris, ella se está entregando por amor a
Romeo.
La escena quinta empieza con una preciosa imagen de los enamorados
tendidos en la cama, despuntada ya la mañana, rendidos por el éxtasis de la
noche. Romeo despertará sobresaltado, a causa de una pesadilla en la que
contemplaba el cuerpo sin vida de Tebaldo caer hacia atrás; el espectador
participa de la pesadilla de Romeo, se observa un “flash” con la imagen. En
esta escena se respeta la “dispositio” a la perfección, sucediendo los acontecimientos
en la forma lineal que el texto original plantea, aunque la acotación que nos
presenta el lugar no es válida para la película que presenta la acción en el
dormitorio de Julieta. Los parlamentos de los personajes son casi idénticos,
salvando las distancias imperantes, claro. El principio de la escena es de una
ternura impactante, y me refiero sobre todo al fragmento en que están en la
cama, bajo las sábanas, que nos muestra a flor de piel el sentimiento: la
significación del amor, la fuerza de este sentir. Romeo deberá marcharse; se
producirá ahora el momento en que la madre de Julieta informe a ésta de las
intenciones de su padre y éste, déspota sin escrúpulos, obligue a su hija a
cometer este acto injurioso para los ojos de Dios: casarse con Paris. Julieta
pedirá a su madre clemencia, que aplace la boda unos días, la madre dejará a su
hija tirada en el suelo, sin darle consuelo y acabará de hundirla mucho más con
sus palabras[33] [33]:
SEÑORA CAPULETO: No me hables, porque no voy a decir ni palabra.
Haz lo que quieras, porque he terminado contigo.
Este aspecto despótico y cruel, junto con la escena en la que está
llorando a Tebaldo, nos muestra lo que se había perfilado en la fiesta de
disfraces con su personificación de Cleopatra. La escena terminará con el
diálogo entre el Ama y Julieta que en la película se produce mientras la triste
Julieta toma un baño. Acabará de esta forma el Acto III, dejando las cosas
bastante difíciles para los enamorados, con Romeo exiliado en Mantua y Julieta
a punto de casarse con Paris. Bajo esta perspectiva de desastre empieza el Acto
IV que nada más empezar nos desvela en cierto modo cómo se irán desarrollando
los acontecimientos. La primera escena de este Acto IV empieza en la celda de
Fray Lorenzo, en el lugar dónde Romeo y Julieta se desposaron. Ahora la acción
que se desarrolla no es tan apacible: Paris está informando al sacerdote de los
deseos del Señor Capuleto y de los suyos propios. Bajo este signo aparecerá una
sombría Julieta.
Será ahora, desaparecido ya Paris, cuando sabremos lo que sucederá a
continuación y de qué forma se va a desarrollar la trama. Julieta, desesperada
ante la situación que le está tocando vivir, quiere matarse[34] ; Fray Lorenzo se lo impedirá, explicándole una
estratagema para librarse de la boda con Paris y para que pueda reunirse con su
Romeo. Deberá tomar una pócima que el mismo le proporciona la cual hará que: «en seguida, por todas tus venas, correrá un
humor frío y decaído, pues el pulso no conservará su movimiento natural, sino
que se detendrá (…)»[35] [35], parecerá que ha muerto. Así, de
este modo, no se celebrará la maldita boda y ella podrá escapar para reunirse
con su enamorado en Mantua que estará informado de todo esto[36] [36] .
Aparecerá ahora en la pantalla una imagen de un lugar desolado,
inhóspito, que suponemos que es Mantua, el lugar donde Romeo ha sido
desterrado. Observamos la imagen de una carta certificada y cómo es colocada en
la puerta de una caravana, con lo que suponemos que este es el lugar donde
Romeo vive. Seguidamente vemos a
Romeo bateando una lata y ajeno totalmente a lo que está sucediendo.
Esta escena –que no aparece en el texto original– da una mayor credibilidad a
lo que sucederá en la primera escena del Acto V. Seguidamente a este lapso
veremos a Julieta enfundada en el vestido de boda, aunque esta imagen será muy
rápida. Pasaremos directamente a la escena tercera de este Acto IV, omitiéndose
la segunda y reduciéndose en gran parte la tercera. Julieta en su dormitorio se
despedirá de su madre, aunque la despedida como podemos presenciar tiene un
carácter muy sutil: Julieta se despide aunque su “hasta mañana” no es muy
convincente y nos sugiere una despedida en relación a un gran lapso de tiempo.
Julieta tomará la pócima y al momento caerá en un profundo sueño. A
continuación la escena cuarta es también suprimida, llevándonos en la película
a la escena quinta de este Acto IV en la que el ama descubre el cuerpo sin vida
de su pequeña Julieta. Observaremos de nuevo las imágenes que habían aparecido
cuando Fray Lorenzo explicaba a Julieta su artimaña para vencer esta boda. Nos
encontramos, ahora, en el famoso
sepulcro que ha de guardar el cuerpo aparentemente sin vida de Julieta;
aparecerá el amigo de Romeo que queda sorprendido al ver que se está celebrando
el funeral de la señora de Romeo. Fray Lorenzo se percatará de la presencia del
joven, pero en el momento en que quiere acercarse a él e informarle de lo
sucedido, éste huye[37] [37].
Volvemos al escenario de Mantua: Romeo está sentado, fumando un
cigarrillo y escribiendo algo en un cuaderno. Esto que Romeo está recitando
coincide con lo que podemos leer nada más empezar la primera escena del Acto V.
Un coche aparece en la pantalla, va a gran velocidad; en él conduce el amigo de
Romeo que viene a informarle de lo que ha visto en Verona. Después de contarle
lo sucedido Romeo enfurece, llora, grita; empujará a Baltasar y huirá con el
coche, desoyendo los consejos que su buen amigo le da. Ante su llegada a Verona
Romeo será perseguido como un presidiario; el príncipe despliega todos los
efectivos posibles para capturar al desterrado. Romeo a duras penas conseguirá
dirigirse a un boticario[38] [38] que le proporcionará un veneno para
acabar con su mísera vida.
La escena segunda del texto no aparece en la película aunque es
sutilmente substituida por diferentes recursos que nos recuerdan a nuestros
días. Como hemos dicho no hace mucho, la primera carta se envía a Romeo que
ausente en ese momento no se percata de lo que le han dejado colgado en la
puerta, como podremos comprobar al principio de esta escena primera del Acto V
cuando Romeo sale a recibir a su amigo y sin darse cuenta pisa el mensaje que
Fray Lorenzo le había enviado. El segundo mensaje mandado tampoco llega a su
destino, ya que en esos momentos es cuando Romeo está dirigiéndose hacia Verona
a comprobar lo que Baltasar le ha comunicado. Esta escena segunda acabará de
complementarse con una llamada que Fray Lorenzo hace a la compañía de mensajes,
en la que le comunican que el mensaje no ha llegado a su destino. Después de lo
sucedido en la escena primera y en esta manipulada escena segunda, el
transcurso de la adaptación cambia radicalmente, separándose de esta forma del
texto original. Sólo se respetará el fin último de esta escena: la muerte de
los dos enamorados a manos del amor. En el texto original esta escena está
llena de personajes que, según mi opinión, no importan mucho para el desenlace
final de la obra y que son, magistralmente, eliminados por parte del director
en esta nueva adaptación.
Romeo, acorralado por la policía en la puerta de entrada al sepulcro
de Julieta, se ve obligado a tomar un rehén para poder entrar a contemplar a su
amada. De esta fo estla película toma un tono más actual plasmando la típica
persecución de película de acción. Entrará en la iglesia[39] [39] y se dirigirá hacia el sepulcro donde
se encuentra su amada, profundamente dormida en el sueño que le ha producido la
pócima. Romeo, de forma significativa, está cruzando el pasillo que Julieta
también cruzó, el día de su boda, para llegar hasta él, su futuro marido en
aquel entonces. Julieta lo cruzó para dirigirse hacia una nueva vida más feliz,
Romeo lo cruza para dirigirse a una muerte segura. El pacto eterno que se
prometieron con su amor queda más presente en este escenario. El pasillo estará
decorado de forma muy tétrica: con cruces en luces fluorescentes y muchas velas
encendidas.Romeo va cruzando muy lentamente el pasillo hasta llegar al lecho en
el que reposa su amada. Dejará la pistola que lleva encima del lecho y se
abrazará a su Julieta, llorando. Se arranca de su cuello una cadena con el
anillo que Julieta le dio por mediación del Ama en la escena tercera del Acto
III y se lo coloca a su amada en el dedo: Julieta se ha movido. Romeo se
tenderá en el lecho en el que reposa Julieta proclamando en sollozos la belleza
que aún, después de muerta, posee su amada[40] [40] :
ROMEO: (…) Querida Julieta, ¿por qué sigues siendo tan
bella? ¿He de creer que el incorpóreo genio de la Muerte esté enamorado, y que
ese flaco monstruo aborrecido te guarde aquí en lo oscuro para que seas su
amante?(…)
Romeo se dispone a acabar con su vida, besa a su Julieta que ante el
contacto de los labios de Romeo despierta para ver cómo éste se está tragando el
veneno que le dará muerte. Ella le acaricia, él ha tragado ya todo el veneno,
cae en el lecho ante la atónita mirada de Julieta que comprende que Romeo se ha
envenenado[41] [41]:
JULIETA: Besaré tus labios, quizás quede en ellos un poco de
veneno (…)
ROMEO: Con un beso muero (…)
Romeo
ha muerto, Julieta se ve hundida, desesperada, buscando un fin que la consuele
y que la conduzca donde está su amado. Encontrará el arma que Romeo, nada más
entrar, había dejado encima de las sábanas del lecho en que ella reposaba, y en
el que ahora reposa Romeo. Julieta apuntará el arma en su sien, mirando al
cielo: se oye un disparo y se ve a los dos amantes entrelazados en un abrazo,
encima del lecho que es muerte para los dos. Es en estos momentos, bajo la más
pura tristeza, cuando oímos el Tristan
und Isolde de Wagner[42][42] que nos abre un nuevo intertexto y que
nos encuadra perfectamente esta nueva adaptación del clásico de Shakespeare con
este intento de inmortalizar la esencia del amor. Mientras suena esta pieza y la
cámara va alejándose del lecho de muerte, van superponiéndose imágenes que ya
hemos visto en la película. Estas imágenes son las más emotivas, las que
plasman de forma más auténtica el sentimiento que ambos enamorados sufrían. Me
refiero a la escena en que se conocen, en la que aparece el anillo –donde hay
inscrito love three– , la de las
sábanas, cuando se despiden al amanecer, después de haberse amado. La cámara va
alejándose cada vez más del sepulcro, aparece ahora el beso bajo el agua de la
piscina. La imagen del sepulcro desaparece, la música sigue.
Aparece un camillero llevándose un cuerpo, los padres desolados ante
la muerte de sus dos hijos y ante el amor que estos dos sentían el uno por el
otro y del que ellos eran completamente ajenos. El príncipe con sus palabras
resume el por qué de la muerte de estos dos enamorados[43] [43]:
PRÍNCIPE: Ved qué calamidad ha caído sobre vuestro odio,
porque el cielo encuentra medios de matar vuestras alegrías con el amor; y yo,
por cerrar los ojos ante vuestras discordias, he perdido un par de parientes:
todos estamos castigados.
Acabarán así las imágenes volviendo al recurso del informativo con el
que había empezado la obra. Una presentadora acabará diciendo[44] [44]:
Esta mañana trae consigo una
lúgubre paz: el sol, de tristeza, no ha de mostrar la cara (…) algunos serán
perdonados, otros, castigados: pues nunca hubo una historia de más dolor que
ésta de Julieta y su Romeo.
El televisor se apagará y se irá alejando cada vez más de nosotros,
hasta que desaparecerá y la pantalla quedará en la más completa oscuridad.
[1][1] El cual corresponde a su larguísima
primera intervención de la escena primera del Acto I. SHAKESPEARE, William, Romeo y Julieta, en Tragedias, edición de J.Mª
Valverde, Barcelona, RBA, 1994, pág. 335-336. *Siempre nos referiremos a esta
edición al hablar o citar la obra
que estamos analizando.
[2][2] Romeo
y Julieta, pág 336.
[3][3] ¿Quién
ha vuelto a destapar esta antigua querella? Habla, sobrino, ¿estabas aquí
cuando empezó?; Romeo y Julieta, pág. 336.
[4][4] Romeo
y Julieta, pág. 346.
[5][5] Romeo
y Julieta, pág. 347.
[6][6] En el momento en que Romeo está a
punto de tomar el éxtasis, aparece en la pantalla un sugerente “flash forward”
que en el desenlace de la película entenderemos, pero que aparece en este
momento y que nos da un nuevo sentido al parlamento de Romeo, dándole un
sentido premonitorio.
[7][7] Romeo
y Julieta, pág. 347.
[8][8] Este fragmento aparece en el
parlamento de Capuleto que encontramos en la escena quinta, Acto I, página 348
de la edición que manejamos. El cambio significativo es que en el texto
original este parlamento de Capuleto no se dirige a Romeo en particular, sino a
todos los invitados.
[9][9] Romeo
y Julieta, pág. 350.
En la película la imagen aparece como en la escena última del Acto I, aunque
aquí Julieta está mirando desde una ventana cómo marcha Romeo empujado por
Mercucio y el parlamento de Julieta es modificado: (…) extraño nacimiento del amor me hace amar a
mi enemigo peor.
[10][10]
Romeo y Julieta, pág. 349.
[11][11]
Una tapia que en
este caso no es tan dificultosa como en las representaciones de época, ni tan
resbaladiza como la que saltó Calixto.
[12][12]
Romeo y Julieta, pág. 353.
[13][13]
Romeo y Julieta, pág. 353.
[14][14]
Romeo y Julieta, pág. 356.
[15][15]
Me refiero con
esto a una melodía aguda con un ritmo rápido y pegadizo.
[16][16]
Volverá a suceder
como en otras ocasiones: mediante la técnica del informativo se nos muestra lo
que podría pasar en un realidad inmediata.
[17][17]
Nos podría
recordar en este momento la nueva imagen del ama el conocido personaje de
Celestina y el primer encuentro que esta tiene con Calixto el cual la pondrá en
situación de lo que siente por Melibea. Me refiero a esta escena segunda de La Celestina para que el lector pueda
entender el carácter y el buen hacer del Ama en esta situación, que para mí se
parece mucho a ese primer encuentro entre Calixto y Celestina donde la
alcahueta maneja perfectamente sus artes para convencer al mancebo que ella
conseguirá que Melibea lo ame.
[18][18]
En el texto
original esta escena quinta del Acto II, siguiendo la acotación que aparece, se
produce en el jardín de los Capuleto.
[19][19]
Romeo y Julieta, pág. 366.
[20][20]
Romeo y Julieta, pág. 369.
[21][21]
Este enunciado que
aparece en la película en el texto original lo encontramos variado _Mercucio, tú estás concertado con Romeo…_,
aunque la respuesta que se da tanto en el texto original como en la película es
la misma _¿Qué nos llamas músicos?…
[22][22]
Que resulta ser
la prima de Tebaldo; al haber casado con Julieta, Romeo debe guardar fidelidad
y amor a los familiares de ésta, no pudiendo enfrentarse a Tebaldo en el duelo
que el príncipe de los gatos quiere celebrar.
[23][23]
En el texto
original la acotación nos dirá: [Desenvaina],
pág. 370.
[24][24]
Observamos
que en la película la herida se
produce mediante un cristal, mientras en el texto original se produce con una
espada. El motivo de utilizar un cristal es debido a que en el parlamento que Mercucio
pronuncia después de su herida tiene mucha significación el hecho de que se
trata de un corte, con lo cual una herida de bala no hubiera dado el mismo
significado al texto. Otro motivo de utilizar un cristal es que las espadas han
sido substituidas por pistolas, y un cuchillo o cualquier arma cortante hubiera
quedado un poco desacompasada en contraposición al uso de armas de fuego.
[25][25]
Romeo y Julieta, pág. 370.
[26][26]
La música que
recrea esta s imágenes tiene un marcado acento de epopeya, con lo que se refuerza el dolor que emana la escena.
Debemos destacar, también, la omisión de los personajes de los ciudadanos que
aparecen en el texto original preguntando por el paradero de Tebaldo después de
haber matado a Mercucio (pág. 371).
[27][27]
Esta imagen del
teatro puede ser una referencia del director hacia nosotros para que en ningún
momento olvidemos que tipo de película estamos viendo; que se trata de una
magnífica adaptación al cine de una pieza teatral.
[28][28]
Nos hemos
desplazado hasta la escena tercera del Acto III; en este fragmento de la
película se van solapando diferentes fragmentos de diferentes escenas de este
Acto III, aunque éstas no siguen el orden lineal del texto original, sino que
siguen un posible orden que correspondería a un hipotético eje temporal
sincrónico.
[29][29]
Romeo y Julieta, pág. 379.
[30][30]
En el texto
original la noticia de la muerte de Tebaldo en manos de Romeo se la da el Ama
al principio de la escena segunda del Acto III, fragmento que en la película no
aparece.
[31][31]
Romeo y Julieta, pág. 376.
[32][32]
Es significativo
también que en este momento la música que envuelva a los amantes sea la misma
que los envolvió en el momento en que se conocieron.
[33][33]
Romeo y Julieta, pág. 385.
[34][34]
Julieta querrá,
ante la desesperación, volarse la tapa de los sesos delante del sacerdote que
con mucha sangre fría le retira la pistola de la mano.
[35][35]
Romeo y Julieta, pág. 389.
[36][36]
En referencia a
todo esto que Fray Lorenzo está contando se produce en la película una
prolepsis que anuncia la forma en que el sacerdote se comportará ante el suceso
y cómo se van a desarrollar las cosas dentro de muy poco.
[37][37]
La aparición del
amigo de Romeo no sucede en el texto original, aunque siguiendo la línea que
esta trazando la película es un elemento más que nos afianzan la trama y nos la
hacen más comprensible. En esta escena última del Acto IV es totalmente omitida
la presencia de los músicos y de los diálogos entre Fray Lorenzo y los
Capuleto; lo único que observamos en la película son imágenes que hablan por sí
solas y nos muestran con creces el
dolor que están pasando los padres de Julieta.
[38][38]
Como dice la
acotación, aunque en la película parece más bien otra cosa; debemos destacar
que es el mismo personaje que aparece en el “guardarropía” dónde Benvolio y
Romeo recogen las armas en la escena primera del Acto I, cuando están jugando
en la sala de billar.
[39][39]
En estos momentos
la imagen que aparece en la pantalla ya había aparecido en el principio de la
película, cuando Romeo toma el éxtasis y pronuncia estas palabras: ¡que Aquel que pilota mi rumbo dirija mis
velas!.
[40][40]
Romeo y Julieta, pág. 402.
[41][41]
La cita que sigue
a continuación pertenece al diálogo que encontramos en la película.
[42][42]
Concretamente la
segunda parte de esta composición: el momento en que se está cantando a la
muerte de los enamorados.
[43][43]
Romeo y Julieta, Pág. 406.
[44][44]
Este texto que en
la película aparece proclamado por la presentadora del informativo, en el texto
original pertenece al último parlamento de la obra que corresponde al personaje
del Príncipe.